Los cuatro cuerpos del hombre

Para Steiner uno de los principales problemas con los que se enfrenta la humanidad es el educativo (Steiner, 1991). En su época, surgían renovaciones pedagógicas como la creada por la doctora María Montessori, que cuestionaban fuertemente la educación del momento. Ambos fueron pioneros en propuestas que actualmente no llaman nada la atención, como la educación mixta. Su acercamiento a lo que un niño necesita para ser educado se basa en la pura observación de su desarrollo.

«No plantearé demandas ni programas, simplemente describiré la
naturaleza del niño, y de ella, de esa naturaleza en vías de desarrollo, surgirá, como por sí sola, la teoría educativa.» (Steiner, 1991, p. 12)

Por tanto, antes de hablar de pedagogía Waldorf, debemos conocer qué entendía Steiner por naturaleza humana. Él considera que tenemos cuatro cuerpos o envolturas y que no son todas materiales ni perceptibles a primera vista. Como ya hemos dicho en la introducción, se necesita desarrollar una visión más allá de los sentidos, lo que él llamó “visión suprasensible”, para poder apreciar estos “cuerpos”. Steiner usa la palabra “cuerpos” para aproximarse a  lo que él entiende como las diferentes envolturas del hombre y no como lo que nosotros asociamos al cuerpo físico, el que se corresponde con el primer cuerpo de Steiner.

1. El cuerpo físico

La parte del hombre accesible a los sentidos es el llamado cuerpo físico. Dentro de una concepción materialista de la realidad este sería el único y está sujeto a las mismas leyes que rigen toda vida material. Para conocerlo tenemos que reflexionar sobre uno de los mayores misterios que no es otro que la muerte y su relación con el mundo mineral. Todo aquello que está relacionado con lo mineral está considerado como perteneciente a esta parte del ser humano. (Steiner,1939) Un cadáver es un cuerpo físico que cuando se descompone vuelve a formar parte de su naturaleza mineral.

2. El cuerpo etérico

El siguiente cuerpo o envoltura es aquel que impide que nos convirtamos en minerales y Steiner lo denomina cuerpo etérico o principio vital. (R. Steiner, Ciencia oculta, 1939). No tiene nada que ver con el componente físico éter y es la fuerza o energía que tenemos en común con el mundo vegetal. Es también el encargado de los procesos de crecimiento, de propagación, circulación interna
de la savia y demás fluidos. La diferencia entre estos dos cuerpos se entiende cuando comparamos un hombre muerto y un hombre dormido. El primero tiene un cuerpo físico, pero no cuerpo etérico, puesto que al morir ya no tenemos vida, somos pura materia. Sin embargo, cuando dormimos, seguimos respirando, creciendo o envejeciendo, porque nuestro cuerpo etérico sigue existiendo.

3. El cuerpo astral

Con respecto a este cuerpo podríamos asemejarlo a cuando dormimos y todos nuestros pensamientos y nuestras acciones desaparecen, se vuelven inconscientes. Steiner denomina a este inconsciente cuerpo astral. Es este el vehículo del dolor y del placer, del instinto, del deseo, de la pasión… y lo tenemos en común con los animales. Se podría llamar también el cuerpo de las sensaciones. En este sentido las plantas no tienen sensaciones, tienen solo reacciones al estímulo exterior, al frío, al viento, al calor… Las sensaciones, sin embargo, requieren de un proceso interior que la planta no puede llevar a cabo. Es el vehículo de la vida emotiva. No es material y su estructura está integrada por imágenes dotadas de movimiento interior, luz y color.

4. El yo

El yo sería el último cuerpo que el hombre no comparte con ningún otro reino de la naturaleza. Es un pequeño vocablo, pero lleno de misterio. Solo sirve para distinguirse uno mismo. Es la expresión del alma superior y por poseerlo el hombre es la cúspide de la creación. Su función es trabajar sobre los tres cuerpos inferiores para humanizarlos. Es, asimismo, el cuerpo que nos permite la memoria. Un animal siente hambre y le da satisfacción comer. A un ser humano además le produce satisfacción el recuerdo de esa comida. Si no tuviéramos un “yo” eso no sería posible, puesto que el “yo” tiene memoria. En este aspecto muchos afirmarían que el animal también dispone de memoria, pues, por ejemplo, es capaz de reconocer a su dueño. No obstante, la diferencia radica en que no se acuerda de su dueño cuando no está presente. El animal, aunque puede estar triste y añorar a su dueño, no es capaz de imaginarlo. Según Steiner esto se da porque nota una ausencia desde una perspectiva física, pero que no es lo mismo que acordarse de él en una ensoñación. (Steiner, Ciencia oculta, pág. 25).
El cuerpo físico y el cuerpo etérico son los cuerpos objetivos del ser humano, son los que pertenecen al mundo exterior, al mundo de la naturaleza. El cuerpo astral y el yo son mucho más subjetivos y pertenecen a nuestro mundo interior.
Al nacer, todos estos cuerpos existen como un germen excepto el físico, puesto que ya está desarrollado. Un recién nacido tiene vida y, por lo tanto, cuerpo etérico, pero este está totalmente unido al cuerpo etérico de la madre. Esto sucede al igual que durante los 9 meses de gestación, nuestro cuerpo físico existe, pero está envuelto por el cuerpo físico de nuestra madre. No será hasta la segunda dentición (7 años más o menos) cuando adquiera la independencia de su cuerpo etérico. (Steiner, 1991).
Esto sucede también con el cuerpo astral; existe, pero no se independiza hasta más o menos los 14 años, cuando empieza nuestra capacidad reproductora, y nuestro pensamiento crítico. Por último, el “yo” nace realmente a partir de los 21 años. Es por esta razón por la cual, intuitivamente, durante siglos los 21 era considerada la mayoría de edad. Para un maestro es crucial conocer en qué momento evolutivo del niño “nace” cada uno de estos cuerpos, puesto que cada uno requiere de una educación diferente.

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