Los 12 sentidos

Consideramos importante incluir este epígrafe en el que solo analizaremos los 12 sentidos. Además, este aspecto ocupa una parte muy importante y central en nuestro trabajo. Esto es porque los doce sentidos caracterizan muy bien cómo la pedagogía Waldorf ha sido pionera en muchos campos.

Asimismo, repetimos en numerosas ocasiones la importancia que tiene el cuidado de los sentidos desde el momento de nacer para un desarrollo sano del niño. Actualmente, cualquiera que se dedique a la educación ha oído hablar de la integración sensorial. Es una terapia muy efectiva para niños con dificultades.

Ahora se reconoce la importancia del cuerpo para aprender. No obstante, esto no fue así durante mucho tiempo, sin embrago, está en la raíz de toda nuestra enseñanza.

En una escuela Waldorf se atienden todos los sentidos con mucha consciencia. El material es todo de origen natural para que al tocarlo sea más agradable al tacto, la alimentación es biológica para que el sentido del gusto no se corrompa y aprenda a distinguir lo sano de lo insano. Asimismo, los olores ya sean agradables o no, no se esconden.

Consideramos que los niños deben poder convivir con los malos olores, como, por ejemplo, el que proviene del compost de la huerta.

Lo nuevo que aporta la visión de Steiner sobre los sentidos del mundo físico es que los relaciona con la capacidad del alma de desarrollar virtudes. A través del cuerpo y de los sentidos desarrollamos además la capacidad de ser verdaderos, de captar lo abstracto como la belleza o la bondad. Podríamos decir que en la lengua quedan patentes algunas de estas asociaciones cuando hacemos uso de expresiones como: tener buen gusto, un negocio que huele mal, no tener tacto, etc.
Es muy difícil hablar de un sentido aisladamente porque todos están muy relacionados. Están divididos en grupos de cuatro.

1. Los sentidos corporales

Estos son los primeros cuatro: el tacto, la vida, el movimiento y el equilibrio. A este los llamó los sentidos inferiores, corporales o de la voluntad y tiene su desarrollo más intenso en el primer septenio y, por tanto, es la maestra de infantil la que tiene que estar especialmente atenta a nutrirlos y, sobre todo, no dañarlos. Estos son los encargados de relacionar al niños con su propio cuerpo.

El sentido del tacto

Como ya hemos dicho antes, es muy difícil aislar un sentido de otro. Para ilustrar y explicar en qué consiste este sentido podremos un ejemplo. Imaginémonos tocando una mesa; esta está fría y aparece un sentido además del tacto: el sentido de la temperatura, saber si algo es frío o caliente. Al mismo tiempo, en cuanto la toco, me balanceo levemente. Aquí interviene el sentido del equilibrio.

Sigamos: Recorro con mis dedos la superficie y noto que es rugosa. Aquí interviene el sentido del movimiento propio o propiocepción.

Para entender de qué se trata el tacto, aisladamente, sin el resto de impresiones, nos podríamos imaginar que somos un gusano en un cuarto oscuro y algo nos toca. En realidad, nos estamos sintiendo a nosotros mismos, nos hacemos conscientes de nuestros límites. Un gusano tiene un sentido del tacto altamente desarrollado porque distingue cuando algo le toca a él, de cuando él toca a algo. Si un guijarro le golpea, él se retrae, pero si él repta por encima del guijarro no le pasa nada. En cambio, una anémona tiene un tacto menos desarrollado porque se retrae en ambos casos.

Si no tuviéramos este sentido no podríamos experimentar nuestra individualidad. Seríamos uno con el universo y no podríamos desarrollar la autoconsciencia. Pero, al mismo tiempo, tenemos un anhelo por regresar a esa unidad. Tenemos una gran necesidad de tocar las cosas. Hasta en el lenguaje se hace patente cuando usamos la expresión se palpa la tensión”. O imaginemos que viésemos a alguien que creíamos muerto, necesitaríamos tocar para creer, tal como le sucedió a Santo Tomás cuando metió el dedo en la llaga.

También usamos este sentido para intimar con otros seres humanos. Cuando queremos a alguien tenemos la necesidad de tocarle y no solo desde un punto de vista sexual. Otros ejemplos serían los abrazos entre padres e hijos o amigos. Entonces, es un sentido que, por un lado, nos hace conscientes de nuestra separación y por otro nos une. En la evolución del niño coincide el referirse a sí mismo como “yo” con la capacidad de recorrerse con las manos todo el cuerpo.

Esto ocurre entre los 2 y 3 años. En numerosas ocasiones Steiner relaciona el desarrollo físico con el desarrollo de la consciencia. Otra cuestión que surge con este sentido es por qué no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos y por qué un bebé tarda en sentirlas.

El sentido de la vida

Este es el sentido que nos capacita para saber si estamos enfermos o no, si nos sentimos bien o mal. Por ejemplo, algunas mañanas después de haber dormido profundamente, nos podemos levantar con una gran sensación de bienestar o después de hacer deporte nos sentimos regenerados. En la mayoría de los casos en que somos conscientes de este sentido es porque nos duele algo.

Un médico sabría la gran diferencia que hay en sus pacientes con respecto a este sentido. Unos llegan a la consulta y les dicen que se sienten mal, pero que no saben exactamente qué les duele. Otros, sin embargo, le pueden decir al detalle cómo y dónde se encuentra su dolor, como empezó y evolucionó.

Este sentido está distribuido por todo el cuerpo, científicamente serían los nervios simpáticos y parasimpáticos. Estamos llenos de diminutos nervios por todo el cuerpo que son el órgano físico del sentido de la vida. Con él, notamos si tenemos sed o hambre. Si no tuviéramos este sentido moriríamos porque no sabríamos cuando alimentarnos o podríamos morir de deshidratación por no
saber que necesitamos beber.

La manifestación más clara e intensa de este sentido es el dolor. Desgraciadamente, en la sociedad actual es un tema tabú y lo evitamos a toda costa. Pero, en realidad, el dolor es una protección.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que este sentido no es la capacidad de movernos como en acto reflejo. Cuando movemos un brazo para agarrar algo, primero tenemos una intención de querer agarrar esa cosa y luego el brazo se pone en movimiento. Es decir, este sentido no es inconsciente, tiene un propósito. Un movimiento inconsciente sería un espasmo o el movimiento de nuestros órganos internos que no controlamos.

Actualmente, se estudia la propiocepción y se define como el sentido por el cual somos conscientes de nuestra posición corporal, sentimos nuestro propio movimiento, el de nuestras articulaciones, músculos y ligamentos. Es el encargado de aportarnos la información sobre las diferentes partes de nuestro cuerpo, las sensaciones de posición, vibración o presión. Si no está bien desarrollado puede provocar falta de concentración, o, incluso, ausencia de noción de peligro. También puede causar miedo por sentir falta de control sobre el propio cuerpo.

Actualmente la carencia de movimiento en los niños provoca un daño importante en el desarrollo de este sentido. Incluso puede entorpecer el conocimiento académico más adelante. Por esta razón, en las escuelas Waldorf damos importancia al movimiento. Esta es la razón por la que no queremos que los niños, y menos en la etapa infantil, permanezcan mucho tiempo sentados. Columpiarse, trepar, acarrear cubos de agua para fregar, caminar por superficies inestables, los masajes con presión, jugar a que unos se pongan encima de otros. Se potencian las actividades infantiles tradicionales. Para nosotros es contraproducente sustituir todo esto por aprender a leer o a escribir antes de tiempo y obligar a los niños a rellenar fichas y permanecer quietos.

Los maestros tienen que estar muy atentos y observar el movimiento de sus alumnos. Si un niño busca excesivo movimiento, arrastrarse, golpearse constantemente, el contacto con otras personas, busca el abrazo exageradamente, escribe apretando demasiado el lápiz, podrían ser signos de que puede tener este sentido dañado.

El sentido del equilibrio

Junto con el sentido de propiocepción existe el sentido vestibular como ámbitos actuales de estudio. Ambos han sido reconocidos recientemente, aunque Steiner hablaba de ellos hace un siglo. Este sentido se encuentra en el oído interno.

El sentido del equilibrio solo lo experimentamos si estamos en una superficie sólida. Es muy difícil experimentarlo si estamos en el aire o en el agua. Nos¡ capacita para orientarnos en el espacio, para conocer nuestra derecha y nuestra izquierda, delante y detrás, arriba y abajo. Cuando un ser humano camina o está de pie se ve claramente si tiene un buen sentido del equilibrio o no. El mantenernos erectos es lo que nos distingue como humanos. Ningún otro animal es capaz de hacerlo y tiene que ver con ser los únicos que tenemos un “yo”. Cuando un niño se pone de pie por primera vez es un gran triunfo y este está relacionado con el sentido del equilibrio.

2. Los sentidos medios

También pueden ser llamados sentidos anímicos o sentidos del sentir. Nos relacionan con el mundo exterior y son especialmente intensos en el segundo septenio. Es el maestro de primaria el que tiene que estar especialmente atento a nutrirlos.

El sentido del olfato

Steiner nos plantea el olfato como un sentido que no podemos controlar; pues cada vez que inspiramos, percibimos los olores que nos rodean. Es decir, se trata de un sentido que siempre está abierto al exterior, y, como no podemos dejar de respirar, no podemos dejar de oler. Así como podemos cerrar los ojos, o podemos no tocar, es imposible dejar de oler a no ser que nos taponemos la nariz o tengamos una enfermedad que nos lo impida. No hay ningún otro sentido que nos de tanta sensación de falta de límites. El oler nos invade, nos apabulla. Por otro lado, los olores no los podemos percibir de la misma manera por mucho tiempo. Cuando olemos algo, por muy fuerte que sea, no dura más que unos minutos al cabo de los cuales dejas de percibir dicho olor.

En el ser humano este sentido no está muy desarrollado si nos comparamos con otros animales. En un perro, por ejemplo, constituye uno de sus instintos másfuertes. Casi podemos decir que todo él es puro olfato. El ser humano lo tiene mucho menos desarrollado y funciona de manera bastante inconsciente. El lenguaje es muy gráfico en este aspecto, como hemos dicho antes, y usamos la expresión “esto me huele mal” cuando sospechamos que es malo. Juzgamos el mundo a través de su olor. En este sentido sigue siendo muy instintivo para nosotros.

El órgano físico que lo sustenta es la nariz.

El sentido del gusto

El sentido del gusto es mucho más privado e íntimo pues se encuentra en el interior, dentro de la boca. Es mucho menos agresivo que el olfato. Los olores nos invaden sin pedir permiso; en cambio, con el gusto, somos nosotros mismos los que llevamos a cabo el acto de degustar llevándonos la comida a la boca.

Para Steiner, lo importante de este sentido no es tanto que nos indique qué alimento está bueno o malo, sino qué alimento es sano para nosotros y cuál no lo es. Es un sentido que bien desarrollado desde la infancia, nos debería ayudar a cuidarnos físicamente, a desarrollar el sentido común de que necesitamos para estar saludables. Aún existen médicos que te dicen que si no te apetece algo no lo comas, que confían en que tu cuerpo sabe lo que necesita. Por eso, es importante no corromperlo en la infancia; enseñar a los niños a comer y no darles una dieta poco equilibrada.

Con respecto a nuestro lenguaje, ¿Qué significa la expresión “tener buen gusto”? De nuevo, la sabiduría popular nos da mucha información. Según palabras de Albert Soesman: «El macrocosmos se introduce en nosotros (los alimentos) y se transforma en microcosmos, nosotros se lo devolvemos con buen gusto (belleza)». (Soesman, 2000, pag.34)

El sentido de la vista

La vista es el gran sintetizador de todos los sentidos. (Pierce,1977) Pone a trabajar a todos los demás y nos permite conocer el mundo de una manera mucho más rápida. Se han hecho experimentos con niños que habían nacido ciegos y que después fueron operados. En cuanto consiguieron adaptarse al nuevo sentido, los demás perdieron gran parte de su utilidad. Podríamos decir que es el sentido más efectivo y como nuestra percepción debe ser tremendamente económica, una vez que los niños aprendieron a usar sus ojos el resto de sentidos redujeron su capacidad.

De hecho, si observamos cómo se forman los sentidos en el embrión corroboramos lo anterior. El olfato, con la nariz como órgano físico, el gusto y la boca, o el tacto y la piel son sentidos que residen en órganos que son partes de nuestro cuerpo que se vuelven sensibles gracias a numerosas terminaciones nerviosas que se conectan con el cerebro. El ojo, sin embargo, parte directamente del cerebro, es como si se tratara de su prolongación al exterior. Y es que está tan unido a él que casi pensamos con los ojos. De hecho, es un sentido que puede engañarnos fácilmente. Hay muchos ejemplos de ilusiones ópticas. Sin embargo, la nariz no engaña. Por eso los animales no se equivocan si siguen su olfato, se fían mucho más de este que de la vista.

Metafóricamente, y usando un método muy propio de la pedagogía Waldorf como es el de la caracterización, los ojos son el rey de los sentidos, pero se sirven continuamente de los demás que son sus súbditos y, como debe hacer un buen rey, también los ayuda. Para mantener el equilibrio los necesitamos, para describir tu propio movimiento utilizas términos geométricos que tienes que haber imaginado y la imagen, en primer término, es visual. Incluso en inglés existe el término insight, cuyo uso se da cuando has comprendido algo de verdad (de nuevo la sabiduría popular tiene su reflejo en la lengua). La vista y los ojos son el espejo del alma.

El sentido de la temperatura

El sentido de la temperatura nos da información sobre si algo es caliente o frío, pero a diferencia del sentido de la vida que nos informa de nuestra temperatura interior, este nos informa de la temperatura que captamos del exterior. Los seres humanos necesitamos contacto tanto con otros seres humanos como con el mundo en general. Este sentido también nos ofrece sentimientos asociados a él. Hablando metafóricamente, el calor nos acaricia y nos acerca al mundo mientras que el frio nos aleja, nos es desagradable. Por eso, una persona nos resulta cálida o fría si es distante. Antiguamente, era un sentido fundamental para elegir la ubicación de nuestra casa. Los hombres no ubicaban esta por las vistas sino por la temperatura.

Su órgano físico son unos nervios en la piel que nadie conoce muy bien. Normalmente, no se diferencian de los nervios del tacto.

3. Los sentidos superiores o sentidos del pensar

Estos sentidos se desarrollan especialmente en el tercer septenio, por tanto, corresponde a los maestros de secundaria y bachillerato nutrirlos. Tienen que ver con la relación con los otros.

El sentido del oído

Es extraño que Steiner incluya este sentido dentro de esta categoría cuando lo normal es que se considere un sentido que tiene que ver con nuestros sentimientos. La música la sentimos directamente en el corazón y nos cambia nuestro estado de ánimo. Es muy fácil experimentar esto cuando vemos una película. Una misma escena cambia completamente dependiendo del tipo de música que la acompañe.

Podemos aclararnos un poco si observamos bien la diferencia entre un sonido y una imagen. El sonido es totalmente medible, por eso la música se relaciona con las matemáticas. Los sonidos sueltos son algo mecánico, sin embargo, necesitamos algo más para escuchar una melodía. Este algo es la consciencia. Otro ejemplo para ilustrar esto es la lectura. Cuando un niño pequeño empieza a leer pronuncia cada letra por separado, pero así no consigue captar el sentido. Solo cuando lee más o menos seguido empieza a entender. Ha entrado el pensamiento, ha entrado el espíritu.

El sentido del lenguaje

Los tres sentidos de los que hablamos a continuación no han sido tratados por ningún otro especialista, por lo que el propio Steiner reconoce la dificultad a la hora de ajustar términos exactos que nos acerquen a la compresión.

El lenguaje es algo que escuchamos y a primera vista parece que se capta con el sentido del oído. Esa diferencia, entre lengua y sonidos sin significado, la capta este sentido, el sentido del lenguaje. De hecho, aunque se suele decir que si tienes facilidad para la música también la tienes para los idiomas, no es del todo cierto. Es verdad que el lenguaje tiene un componente musical pero no solo es esto. Hay otro elemento, que es el qué se dice que tiene que ver con el lenguaje y el cómo se dice tiene que ver con lo musical.

El sentido del pensamiento ajeno

Además de conocer un idioma hay otro sentido que nos posibilita entender qué se está diciendo. Es la diferencia entre escuchar una lengua que no conocemos y escucharla cuando ya la entendemos. También se llama el sentido conceptual. Es imposible que nuestras palabras expresen perfectamente lo que pensamos, estas son tan solo es una aproximación. A veces, incluso si sabemos varios idiomas, pedimos prestadas palabras de uno a otro porque son más exactas y nos permite que el otro nos entienda mejor.

El sentido del «yo»

Además de captar un lenguaje, y captar los conceptos detrás de ese lenguaje Steiner habla de otro sentido a través del cual captas a la persona que está detrás de ambos. Es el sentido que usamos para distinguir cuando alguien nos cae bien o mal, nos permite establecer amistades. Si nos faltara este sentido nos sentiríamos aislados (Salter, J.1987) y tendríamos muchas dificultades para formar una familia o trabajar. De hecho, cuando un niño no consigue hacer amigos es un síntoma muy claro de que algo no funciona con normalidad.

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