Por qué nos gusta el Adviento

Me gustan los ritos, las tradiciones y saber el porqué de las cosas. Intento encontrarle un sentido a mis actos y no seguir, a ciegas, la corriente. Por eso estos días en los que las calles se llenan de luces y la gente se lanza a celebrar, me paro a pensar qué es el Adviento y por qué me gusta.

El Adviento es la época de ESPERA. Estamos en el momento del año más oscuro, cuando el sol apenas luce y la naturaleza parece que está muerta. Tradicionalmente, lo que se celebraba era el solsticio de invierno, el día más oscuro del año a partir del cual los días comienzan a ser más largos y la naturaleza parece «despertar». Este ciclo de la naturaleza debería ser acompañado desde casa, por eso es una época de introspección, de reflexión, de recogida. Es el momento de alimentar nuestra luz interior para que la calidez haga más llevadero el frío y la oscuridad que (debería) reinar en la tierra. En un mundo en el que todo es rápido y a la voz de ya, en el que ya no hay que esperar ni para recibir una carta o una llamada de teléfono, cuando puedes comprar unas entradas en el tiempo que tardas en hacer clic y hasta las fotos las ves al instante; yo veo que esa espera es, hoy, particularmente necesaria para fortalecer la paciencia que es una de las virtudes más descuidadas.

El Adviento dura cuatro semanas. Comienza en el domingo más próximo al 30 de noviembre y ocupa los cuatro domingos antes de la Navidad, por eso cada año empieza en una fecha distinta. Esperamos el nacimiento de Jesús (que es un símbolo de esa luz del alma) y lo hacemos acompañados de varios elementos.

La Corona de Adviento

La corona es redonda, símbolo del ciclo eterno de las estaciones. Está hecha de ramas de hoja perenne, que simbolizan la vida (a pesar del invierno) y se adorna con cuatro velas rojas (una por cada domingo). Las velas nos ayudan a «vencer» esa oscuridad.

La tradición es que cada domingo se encienda una vela. Así el primer domingo encenderemos una, el segunda dos, el tercero tres, y el cuarto las cuatro velas. La forma de vivir la corona, depende de cada casa. Hay familias que se reúnen en el último momento del día, apagan todas las luces de la casa y cantan villancicos alrededor de la corona. Otras lo hacen antes de cenar y mantienen la o las velas encendidas lo que dura la cena.

El Nacimiento

Una manera de implicar a los niños con el Belén es mantenerlo «vivo» durante el Adviento y hacer a
los niños partícipes:

Colocaremos, sobre una mesa, a un extremo María, Jose y el burro. En el otro, el pesebre, sobré éste, el Angel. El fondo azul, estrellado, simbolizando la noche, la oscuridad. Y cada semana iremos ampliando esta escena mientras que los niños pueden ayudar a María y Jose a caminar hacia el pesebre:

-La primera semana es el Reino Mineral. Podemos ir al campo para que los niños cojan pequeñas
piedras que no se colocan al azar, si no trazando el camino para María.
-La segunda semana es el Reino Vegetal, en el que los niños colocaran musgo , ramas, brezo, etc.
-La tercera semana es el Reino Animal, colocarán ovejas, corderos, etc.

Y la última semana, con María y José a las puertas del Pesebre, el Reino del hombre; colocamos a los
pastores y demás personajes. Pero al niño Jesús no lo colocamos hasta la noche del 24 de diciembre.

Los Reyes Magos harán su entrada pasado el día 25. E idealmente se situarán al otro extremo de la habitación, para ir avanzando cada día, hasta llegar al portal el día 5 por la noche.

El Árbol de Navidad

Tradicionalmente, el árbol no se coloca hasta el mismo día 24 (que es cuando acaba el adviento y comienza la Navidad). Esto es así para no restar protagonismo a la corona, y para hacer de ese día un día señalado e importante. Una buena idea es decorarlo con elementos naturales: piñas, vainas de canela, rodajas de naranja secas, etc. O adornos hechos por nosotros. Puesto que como el Adviento es una época de recogimiento, nosotros deberíamos, también, recogernos en casa, y aprovechar estos días para encender el horno, hacer galletas o preparar esos adornillos, tarjetas de Navidad, etc.

En Alemania y otros países el árbol es de verdad y después de la Navidad se replanta, y se decora con pequeñas velas, también de verdad, que se encienden (siempre la luz…) También en Alemania y Austria es típico elaborar unas galletas avainilladas, con forma de media luna, las «vanillekipferl». Aquí tenemos, más adelante, el roscón de reyes. Encuentro que eso de comer algo sólo en determinada época del año es una tradición preciosa.

Fíjate como están presentes los 5 sentidos: el olfato, con el olor de las velas y de las ramas de la corona; el oído, con la música de los villancicos; la vista, con todos las decoraciones de la casa, la luz de las velas, etc; el tacto, adornando, cocinando, empaquetando, y el gusto, pues es época de comer y celebrar en torno a la mesa.

El Calendario de Adviento

Por lo visto, lo del calendario surgió a finales del siglo XIX en la Alemania protestante. Los niños encendían cada día una vela durante todo el periodo de Adviento. Viendo las velas que les quedan por abrir comprendían mejor cuanto queda para Navidad.Ahora está muy de moda hacer tu propio calendario de Adviento, y dejar, cada día, una sorpresita para que los niños la descubran por la mañana. A nosotros nos lo dejan los enanitos del Adviento; y las sorpresas son pequeños tesoros para mis hijos: piedras, caracolas, algún adorno de fieltro, un cascabel…

Éstas son algunas ideas para celebrar el Adviento. No pienses que tienes que hacerlas todas, ni que requieren de muchos preparativos. Cada familia es un mundo y lo interesante es adaptar las tradiciones para que funcionen en casa. Pero sí que creo que es bonito acompañar a los niños en sus vivencias e intentar vivir con ellos la magia de esta época, que ha sido reverenciada desde hace miles de años. Ellos lo viven muy intensamente, disfrutan mucho y son momentos, y lo digo por experiencia,
que se quedan grabados en el corazón.

¡FELIZ ADVIENTO!

Doña Helena Guisado

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